Un recorrido de solidaridad en medio de la crisis
Coronavirus: del flagelo a la empatía, un recorrido de solidaridad en medio de la crisis

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Lo que empezó como una alerta por la presencia de síntomas respiratorios anormales en un grupo de comerciantes de una plaza de mercado en la ciudad de Wuhan, China, y el impacto de una expansión inmediata y voraz de lo que hoy conocemos como COVID-19; es la razón por la cual, pequeñas empresas se han declarado en quiebra; hay familias sin alimentos, estudiantes sin educación y una agonía que abraza la mayoría de las familias colombianas. Esto como consecuencia de la llegada del virus al país. Han transcurrido alrededor de dos meses desde la confirmación del primer caso positivo de COVID-19 en territorio colombiano. Hasta la fecha 8959 casos positivos y más de un mes de aislamiento preventivo obligatorio. Para el momento en que supone terminar, (25 de mayo) serán alrededor de 67 días en cuarentena.
Nuevos movimientos
Lo que ha significado el coronavirus para nuestra sociedad, va más allá de un comportamiento condicionado o limitado y adaptado a nuevas maneras de proceder y desarrollarse en este tiempo de crisis. El comportamiento hoy está ligado a un actuar bajo la premisa de evitar seguir generando un estado de pánico, evitar el exponencial crecimiento de la cifra de infectados y el protegernos unos a otros desde un sentir empatico y altruista. Frente a otras crisis mundiales, Nukhet Varlik, profesor de historia en la Universidad de Rutgers en Estados Unidos, menciona a la Agencia Anadolu que en términos de respuesta social son notorias conductas humanas que incluyen negación, pánico, propagación de falsos rumores y procederes oportunistas; pero también, surgen conductas positivas como caridad, cuidado y generosidad.

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Al principio, el panorama no parecía devastador. El Gobierno Nacional difundió la necesidad de adoptar medidas de prevención y cuidado en el desarrollo habitual de cada una de las actividades de los ciudadanos. Las medidas fueron incrementando conforme aumentaban el número de casos confirmados; llegando al punto de optar por el aislamiento preventivo obligatorio, decretando desde la presidencia de la república el confinamiento de todos los colombianos en sus residencias y domicilios. Lo que en un comienzo parecía una oportunidad se convirtió en dificultad, al ver el impacto y consecuencias de dicha medida.
Colombia, posee unas dinámicas sociales y económicas bastante particulares, en las que el poder adquisitivo de las personas se contraponen en lados completamente opuestos, incluso es sencillo pensarse como un modelo piramidal; en la cúspide se encuentran aquellas personas con una economía lo suficientemente estable y robusta, como para no verse afectados, en este sentido, por las crisis; en la base, sucede lo contrario, allí se encuentra ubicada la clase media-baja, generalmente conformada por vendedores informales, empleados y pequeños microempresarios, que representan la mayoría de la población en Colombia, aquellos quienes de sus ingresos deben destinar un porcentaje para mercado, arriendo, servicios públicos, impuestos, educación, ocio, etcétera. Estos egresos repercuten de forma evidente en la economía de estas familias y al no tener la posibilidad de laborar y devengar un salario con normalidad, dicha economía tambalea.
No obstante, hemos logrado acoplarnos a nuevos estilos de vida, casi todo ha migrado hacia la virtualidad y los movimientos e iniciativas solidarias no han sido la excepción, movimientos que pretenden ayudar a las personas más necesitadas. La virtualidad se ha convertido en una herramienta fundamental en el desarrollo de la cotidianidad y hoy es tan necesaria como cuidar nuestra salud; así nacen los nuevos movimientos solidarios, liderados principalmente por los jóvenes, quienes han logrado activar una voz que se ha ido elevando con el pasar del tiempo. La solidaridad se ha establecido en las redes sociales como un factor preponderante y denotativo en la cuarentena. De estas iniciativas no solo participan grandes empresas o personas con gran flujo de seguidores en sus cuentas. Las donaciones llegan gracias al sentir solidario de cualquier persona: compartir con aquellos que más lo necesitan. Twitter ha sido la red social que más movimientos ha liderado y aunque la plataforma maneja una gran cantidad de usuarios, se ha logrado consolidar la unión dentro del país, por departamentos, ciudades e incluso barrios.

Líderes y lideresas han logrado despertar en otros el entusiasmo por ayudar en medio de la crisis, buscando fomentar la fraternidad de los ciudadanos. Angela Vergara Ricaurte, líder del movimiento 'Poco también es ayuda', dice: “Es tan fácil como esto: si a usted le sobra una bolsa de lentejas y sabe que no se la va a comer, regalela. Ante una adversidad de estas, ponerse en el lugar del otro es vital. Creemos que todas las personas cuentan con la posible comida que usted tiene, pero salga y camine su ciudad. Conozcala y dese cuenta que tanto le hace falta a otros, lo que a usted le parece nada”. Es necesario volver al concepto básico de empatía y no minimizar ninguna acción solidaria, pues en estos tiempos, todo cuenta y es preferible una bolsa de lentejas haciendo peso en un estómago que en el bote de basura.
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A través de estos movimientos de solidaridad, nacen otros que también logran equiparar la línea desdibujada de equidad que hay en el país. Las iniciativas son tan diversas como los escenarios y situaciones que pretenden subsanar. En vista de la gran cantidad de sectores que se han visto afectados, estos buscan la manera de aliviar parcialmente algunas de las secuelas que ha dejado la crisis. Las comunidades y pequeños colectivos también han ideado emprendimientos para contribuir a la mejoría del panorama en sus localidades, demostrando que las acciones solidarias son posibles y necesarias en todas las esferas de la sociedad.
Cortesía: Contagio Radio
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